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Opinion

Con la inflación todos perdemos

Armando Sepúlveda Sáenz | Miércoles 05 Diciembre 2018 | 00:18 hrs

Mi nieto le consultó a su abuela (consciente de su especialidad docente) qué era la inflación, sus causas y como combatirla. Me parece muy interesante que un niño entrando a la pubertad, agregue a sus inquietudes de conocimiento los temas sociales de máxima escala. Y pensé, seguramente lo han debatido en clase o entre los compañeros de la escuela. No me quedé con la pregunta y le cuestioné  cuál era la fuente de su indagatoria, y no otra que un video al que accedió vía su iPad. Pequé de optimista, no había tal inquietud colectiva se trató simplemente de la singularidad de su curiosidad. Razón de más para tratar de aportar una explicación somera al complejo problema de la inflación. Los libros de macroeconomía normalmente le dedican un capítulo, al final del texto.

Existe la idea en muchas personas, infundada por cierto, de que el fenómeno inflacionario afecta a unos y a otros no. La realidad es que afecta a todo mundo, incluso aquellos que por estar desocupados o estudiando y adultos mayores dependientes, no generan un ingreso monetario, y cuyo consumo es cubierto por los integrantes de la familia que si perciben ingresos. Esto resulta más gráfico si pensamos en términos de una familia de escasos recursos, mismos que apenas les permite cubrir sus necesidades más elementales. La inflación menoscaba rápidamente el poder adquisitivo del ingreso, lo que puede expresarse en términos coloquiales en la frase de que el ingreso cada vez alcanza para comprar menos bienes.

En sentido estricto la inflación se refiere a los incrementos de precios generalizados y de todos los bienes y servicios en forma  sistemática. No estamos ante un proceso inflacionario cuando los precios suben por un tiempo para más tarde retroceder incluso a niveles inferiores a los niveles más bajos previos. Los productos perecederos, fundamentalmente procedentes de las actividades agropecuarias sufren este tipo de crecimientos de precios estacionales (recuérdese por ejemplo las variaciones de precios de: tomate, cebolla, aguacate, limones, manzanas, etc.). También puede haber variaciones en el corto plazo para los bienes producidos industrialmente (sin considerar las innovaciones incorporadas a los productos) por razones de cambios de precios en las materias primas, las intermedias, o los bienes de capital; como por cambios en los precios de la energía, la reducción o la insuficiencia de la oferta de materias primas a nivel mundial causados por trastornos climatológicos o políticos; por variaciones al alza en los precios de las divisas, en nuestro caso principalmente el dólar estadounidense. O bien algunos artículos de consumo final importados (esto es, los que consumimos usted y yo), en  virtud del encarecimiento de las divisas.  Como mencionamos, la inflación es un fenómeno que afecta a toda la economía (consumidores, empresarios, inversionistas, gobierno, exportadores o importadores) en modalidades e incidencias diversas. Afecta las decisiones de todos los participantes en los procesos económicos. Los episodios de alta inflación suelen ocasionar inestabilidad en el sector real

(el de producción de bienes y servicios) de la economía. Omito la descripción del comportamiento de los precios en el ciclo económico o por saturación de la ocupación.

Como todos registramos impactos de los mayores precios, sobre todo en ciertos lapsos fin de año o primeros meses, se magnifica la percepción y con facilidad se piensa que estamos ante un proceso inflacionario. En ciertos períodos es un acontecer recurrente que los precios de los productos agropecuarios suban o en principios de año cuando normalmente se revisan los precios y tarifas de los bienes y servicios en que interviene el gobierno y rompen con el ritmo normal de crecimiento de precios.  Sin embargo, pueden ocurrir episodios en los mercados financieros que pueden trasladarse al sector productivo, y romper el equilibrio entre unos precios y otros.

En la economía mexicana contemporánea los precios en su mayoría obedecen a la oferta y demanda (economía de mercado), pues los precios definidos por el gobierno tienen una incidencia cada vez menor en la escasez o abundancia de bienes y servicios.

En una economía de mercado los cambios en los precios son indicativos de escasez o de abundancia relativa; si se ofrecen menos productos ante una demanda que permanece o aumenta los precios suben. Y a la inversa, estos desajustes son señales que los productores o prestadores de servicios deben aumentar el suministro de bienes y servicios al mercado; y para ello los productores agropecuarios por ejemplo, en el siguiente ciclo productivo tomarán las decisiones pertinentes para aumentar la oferta; o bien en el corto plazo si la diferencia entre la oferta y la demanda es muy amplia, forzará al gobierno a promover la importación de otros países para suplir el faltante y estimular el aumento de la producción local.

Para medir la dinámica de precios se cuenta con un sistema de indicadores estadísticos que permiten establecer el comportamiento de una numerosa cartera de bienes y servicios que se agrupan en los que se llaman índices de precios al consumidor y al productor y que se alimentan con la recolección de precios mediante encuestas en decenas de miles de comercios y empresas productivas.

Este sistema es fundamental para la definición de las acciones oportunas y responsables que contemplan las políticas públicas, y las decisiones de los agentes económicos (productores, consumidores, comercializadores, etc.).




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