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Opinion

De nuevo es el callejón de las trompadas

| Viernes 12 Octubre 2018 | 02:14 hrs

Malos números en competitividad

Los remordimientos del gobernador


Cuánta razón tiene Javier Corral. Ayer la Casa Chihuahua se convirtió en el callejón de las trompadas, como él mismo se refirió en su tradicional tono jocoso melodrámatico, antes de crucificarse en su peculiar lucha anticorrupción.

Fue prolijo en frases como ésa en un discurso maravilloso para una curul, pero no para una gubernatura, donde debe dejarse de lado la palabra y entrar a la acción.

María Amparo Cassar, sin saberlo, se refirió a ello en una entrevista que el aparato de comunicación social, inocencia pura, subió al face.

Cassar, autora del libro tan llevado y traído por Corral, “Anatomía de la corrupción”, espetó: si no hay acción, hay irritación.

Precisamente eso es lo que ocurrió ayer. La irritación llegó al grado de que Unión Ciudadana, otrora aliada de Corral, no tuvo de otra que salir a la calle.

Las manifestaciones dieron en el blanco, donde más le duele. En su fama pública frente a sus amigos, que tuvieron que enfrentar los cartulinazos que evidencian acciones de corrupción en su administración.

Desde Egro hasta las recientes compras en comunicación social, fueron objeto de denuncia ciudadana, mientras adentro, con tono académico y crítico se discutían planes, programas, tramas corruptas, que ocupan el mayor tiempo del gobernador, cuando no se encuentra jugando golf con sus amigos en el San Francisco.

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El discurso del gobernador tiene elementos que deben rescatarse. Por un lado, que la sociedad es el componente más importante en la lucha por la corrupción. El segundo, frase también inmortal, es un doble crimen no hacer nada para remediar la corrupción.

Pues no se entiende. Si antes el gobernador exigía de la administración pública acabar con la impunidad, ¿Cómo es que hoy afirma contundente que es la sociedad la principal pieza en el combate de la corrupción?

Será que hoy es gobierno, por eso la sociedad debe ir adelante. Mañana que regrese de nuevo a ser un ciudadano más, volverá a pensar en la imponderable exigencia de que el gobierno haga algo. Incongruencia pura.

Es cierto. Hay un doble crimen en la inacción. Por eso cae como anillo al dedo la intervención de Cassar, que puede consultarse en el face oficial de transmisión de las conferencias del evento.

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Por lo demás el evento se realizó como se esperaba, repleto durante la inauguración y desangelado a partir de media mañana. Las sillas vacías acentuaban el carácter de acarreo de burócratas de medio pelo que se tuvo que forzar para llenar la sillería de la bella casona en el centro de la ciudad.

Los restaurantes del centro lucieron llenos de visitantes de varios estados del país, más las comilonas en Palacio de Gobierno.

Pronto empezarán a salir los detalles del exceso en un evento, que paradójicamente debía ser ejemplo de austeridad.

Afuera del recinto, por separado, Ana Herrera, la Secretaria del Trabajo, en el chal, bajo un arbolito. En las vallas, el recién nombrado Auditor Superior, Héctor Acosta, disfrutaba las mieles del poder.

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Mal hablan los números emitidos por el Instituto Mexicano para la Competitividad, en el caso de Chihuahua.

Si bien es cierto hay mejora en los porcentajes en relación al 2015 y 2016, el desempeño sigue siendo mediocre, en un rubro donde se supone debería la entidad salir mejor librada.

Por ejemplo, el índice de información del gasto arroja un desempeño del 55.6 los dos primeros trimestres del 2017, un 61.1 en el tercer trimestre, hasta llegar a un 79.2 en el cuarto trimestre.

Este índice es fundamental, porque habla de la capacidad y eficiencia de los gobiernos, y ahí Chihuahua deja mucho qué desear.

El informe puede ser consultado completo en la página del IMCO. Es sin duda una cara de la moneda, por aquello de que la ineficiencia es también corrupción.

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La gobernabilidad no es uno de los pilares de la actual administración. La desatención en las áreas sensibles, con golpes entre funcionarios que se van o se quedan, como el caso de Joel Gallegos, abren flancos innecesarios.

Ayer de nueva cuenta volvieron a tomar las instalaciones de la caseta de cobro en Savalza, allá en Jiménez. Hay demandas incumplidas, pero por pura falta de voluntad. Hay oídos sordos en Palacio de Gobierno

El argumento fue la violación a derechos humanos cometidos en comuneros en Bocoyna, desalojados violentamente por elementos de la Policía Estatal, el pasado 11 de agosto.

Ése y otros casos duermen el sueño de los justos, sin atención alguna.

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Armados con escobas barrieron juntos la baqueta del Palacio para “limpiar la corrupción duartista”, y también caminaron con los brazos entrelazados desde la glorieta de Pancho Villa hasta la plaza principal.

De ese tamaño era la unión entre UC y el gobernador y de esa misma magnitud es ahora la fobia que Javier Corral siente por Jaime García Chávez, el principal dedo acusador del gobierno del nuevo amanecer.

García Chávez se ha convertido para el mandatario del gobierno en la misma figura que Corral fue en su momento para César Duarte y la que, se dice, pretende ser para el futuro presidente Andrés Manuel López Obrador.

El gobernador busca posicionarse como la primera figura opositora al sistema para catapultarse hacia el 2024, pero se le olvida que aquí, en su tierra natal, su otrora amigo le estará pisando la cola.

La enemistad no sorprende. Desde la conformación de Unión Ciudadana, la organización social en la que en campaña, el hoy mandatario, se cobijó para vender una imagen democrática e incluyente, se sabía que la relación García Chávez-Corral terminaría naufragando.

Mientras el activista provenía de una larga trayectoria de lucha social, el político sustentaba su carrera en dedazos de partido que – hasta entonces – le habían permitido vivir siempre del erario ocupando curules, en el ámbito local y federal, por la vía plurinominal. Así de profundo era el contraste.

Lo que sí llama la atención de ese conflicto, es el silencio de Javier Corral. El gobernador, que en cada momento busca emular la actitud bronca de su padrino Pancho Barrio, se queda siempre callado frente a cada embestida o protesta encabezada por García Chávez.

El líder de Unión Ciudadana le ha llamado de todo, le ha calificado de antidemocrático, ha dicho que el nuevo gobierno es un lastre y un fracaso, y Corral que dice que con todos puede, y que ha respondido hasta los señalamientos del presidente de la República; para García Chávez ni una sacada de lengua tiene.

Rabietas por supuesto que hace.. es visible su encono frente a cada protesta del activista, hasta el simple hecho de escuchar su nombre le hace rechinar los dientes, pero digiere el coraje y nada en contra expresa.

¿Acaso Corral siente remordimientos por dejar a García Chávez solo en la denuncia interpuesta contra Duarte, ésa que tal vez con su apoyo sí hubiera procedido? ¿O es que en aquellos viejos tiempos de alianza, algún secreto de Corral supo García Chávez, y eso le obliga a guardar silencio?.. recordemos que como en toda buena cocina “nadie conoce mejor el fondo de la olla, que la cuchara”.

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